sábado, 10 de octubre de 2009

La revolución


En mi habitación la cama estaba aquí, el armario allá y en medio la mesa.Hasta que esto me aburrió. Puse entonces la cama allá y el armario aquí.Durante un tiempo me sentí animado por la novedad. Pero el aburrimiento acabó por volver.Llegué a la conclusión de que el origen del aburrimiento era la mesa, o mejor dicho, su situación central e inmutable. Trasladé la mesa allá y la cama en medio. El resultado fue inconformista.La novedad volvió a animarme, y mientras duró me conformé con la incomodidad inconformista que había causado. Pues sucedió que no podía dormir con la cara vuelta a la pared, lo que siempre había sido mi posición favorita.Pero al cabo de cierto tiempo, la novedad dejó de ser tal y no quedó más que la incomodidad. Así que puse la cama aquí y el armario en medio. Esta vez el cambio fue radical. Ya que un armario en medio de una habitación es más que inconformista. Es vanguardista.Pero al cabo de cierto tiempo… Ah, si no fuera por “ese cierto tiempo”. Para ser breve, el armario en medio también dejó de parecerme algo nuevo y extraordinario.Era necesario llevar a cabo una ruptura, tomar una decisión terminante. Si dentro de unos límites determinados no es posible ningún cambio verdadero, entonces hay que traspasar dichos límites. Cuando el inconformismo no es suficiente, cuando la vanguardia es ineficaz, hay que hacer una revolución. Decidí dormir en el armario. Cualquiera que haya intentado dormir en un armario, de pie, sabrá que semejante incomodidad no permite dormir en absoluto, por no hablar de la hinchazón de pies y de los dolores de columna.Sí, esa era la decisión correcta. Un éxito, una victoria total. Ya que esta vez, “cierto tiempo” también se mostró impotente. Al cabo de cierto tiempo, pues, no sólo no llegué a acostumbrarme al cambio -es decir, el cambio seguía siendo un cambio-, sino que al contrario, cada vez era más consciente de ese cambio, pues el dolor aumentaba a medida que pasaba el tiempo. De modo que todo habría ido perfectamente a no ser por mi capacidad de resistencia física, que resultó tener sus límites. Una noche no aguanté más. Salí del armario y me metí en la cama. Dormí tres días y tres noches de un tirón. Después puse el armario junto a la pared y la mesa en medio, porque el armario en medio me molestaba. Ahora la cama está de nuevo aquí, el armario allá y la mesa en medio. Y cuando me consume el aburrimiento, recuerdo los tiempos en que fui revolucionario...


Slawomir Mrozek.

jueves, 24 de septiembre de 2009



A veces te gustaría cambiar, no demasiado como para no reconocerte cuando te mires al espejo, pero cambiar un poco estaría bien. No sé, bajar el nivel de indefensión o quizás gozar de un mayor pensamiento constructivo –porque sabes que careces de él los pocos instantes en los que tu optimismo ingenuo se desdibuja- y quizás amar un poco más a tu yo corporal. Sentirte volar cada vez que lo desees, alcanzar la utopía y... mierda, de nuevo te has chocado contra una nube.

viernes, 21 de agosto de 2009


Podría haber apurados más mis minutos a su lado, pero los despercicie conversando.

lunes, 17 de agosto de 2009

Lección del cerebro



Mi gran descubrimiento del día. No he podido evitar actualizar con el video.

Desde luego está mucho mejor en inglés, porque en español se han comido palabras y traducido otras como les ha dado la gana...

lunes, 10 de agosto de 2009

El euromillón


¿Tú sabes quién eres?

Poema


No os paréis ante mi tumba para llorar
porque aquí no me vais a encontrar,
soy la fuerza del viento al soplar
y la luz blanca al nevar,
soy el sol sobre el maduro trigal,
soy la lluvia suave y otoñal.
No os paréis ante mi tumba para llorar
porque ahí nunca me pararé a descansar.

Do Not Stand At My Grave and Weep, de Mary Elizabeth Frye (traducción)

viernes, 7 de agosto de 2009

Eterno retorno.



Repetir masoquistamente la historia hasta desgastarla. Hasta que no me queda nada más que dar a nadie ni a ti misma, hasta llegar a la ataraxia de la anhedonia.

Quédate conmigo, por favor.