lunes, 17 de diciembre de 2012

Apocalipsis



Apocalipsis y carne resurrecta.

domingo, 25 de noviembre de 2012

The one.


La felicidad tiene dos hoyuelos.

domingo, 14 de octubre de 2012

Otra




Es extraño sentirse extranjera en el propio cuerpo. Como si cada palabra que saliera por la boca, cada gesto, no fuera propio sino que tuviera que ser medido con lupa de forma consciente. Como si lo que se quisiera decir no pudiera salir a flote de la forma deseada sino con un carácter de voluntariedad que duele de pensarlo.

Ser otra.

jueves, 30 de agosto de 2012

Media naranja

Partiendo del supuesto de la media naranja, o de que somos seres incompletos, ¿qué es exactamente lo que se desea del otro?

jueves, 31 de mayo de 2012

Magia.

Se giró y gritó: "¿Vas a dejar que se marche?", en sus ojos había un brillo de desprecio que me dolía más que su tono de voz, "¿dejarás ir a la única persona que te ha querido? No queda gente como esa, optimista, que cree en el amor y en la magia del mundo. Ha dado luz a tu vida y si la dejas ir sabes que morirás".

Y lo sabía.

sábado, 7 de abril de 2012

Valor.


Hoy no creo poder soportarme. El verdadero sueño es ser capaz de soñar.

domingo, 1 de abril de 2012

Hundimiento.

No se supone que es como me debería de sentir, y aun así me siento. Forjo la imagen y alzo escudos pétreos en un vano intento de que el reflejo no se proyecte sino que me sumerja. No tengo que querer nada, no sé si quiero algo, no sé si soy algo o si me sienten como algo... pero hay algo.

Necesito 15 días de tranquilidad, necesito pensar y permitirme pensar en ello. Ignorar el problema funciona los primeros 7 meses, pero hay un punto de no retorno que me interpela continuamente sobre lo imbécil que puedo llegar a ser. Cada vez veo más claro que estoy destruyendo la verdadera oportunidad de ser feliz por miedo a llegar a serlo, y que más pronto que tarde voy a mirar atrás y ver que los actos que estoy cometiendo van a provocar que me arrepienta el resto de mi vida. No puedo dejar entrar a nadie en mi espiral autodestructiva en la que me convenzo de que no hay nada por lo que merezca vivir al tiempo que lo saboteo,  ¿pero quién tiene el botón para pararlo?

Porque sí, ya me he dado cuenta. Perdón. Y lo siento.